También a mí tu sufrimiento alcanza
cuando recorro la ciudad doliente,
en donde llora la extinguida gente
el eterno dolor sin esperanza
Entre el espanto y el dolor avanza
mi espíritu angustiado, tristemente,
temeroso de un Dios que eternamente
hace sentir al hombre su venganza
Mas cuando al fin, tras sufrimiento tanto,
el Paraíso a vislumbrar empiezo,
en esperanzas truécase el quebranto;
deténgome a su umbral, de hinojos rezo,
penetro luego en su recinto santo,
y en cruz los brazos ante Dios bostezo.