Compárase a la muerte una partida,
porque es el mayor mal que dan los cielos,
(si no es peor la ausencia y sus desvelos
que el acabar tormentos con la vida).
Ausente estoy de quien de mí se olvida,
y si el estarlo aumenta desconsuelos,
¿qué sentirá una ausencia que, entre celos,
de amor y agravios vive combatida?
Viva tu ingratitud, pues es la cosa
que agora se usa más y tú apeteces;
quedaré yo vengada, aunque quejosa.
Que tú, de ingrato el nombre, al fin, mereces,
y yo después de ausente sospechosa,
estando viva, moriré dos veces.