¡Oh, tú, descaminado que entre engaños
admiras los trofeos que te enseño!
No juzgues que los cuelga el desempeño
de amor correspondido en verdes años.
Mi ingratitud, a costa de los daños
de quien me sembró palma, y creyó sueño,
negó el tributo a su primer dueño,
que necia doy agora a los extraños.
Ingratos son también estos despojos,
por serlo la ocasión de suspenderlos,
que imita en pagar frutos a la palma;
mas ¡ay! que buen fin diera a sus enojos,
si como el cuerpo se desnuda de ellos
se desnudara de su amor el alma.