¿Cómo podrá admitir el alma dueño
que ablande su dureza, si es de encina?
Ni ¿qué provecho hará la medicina
a quien la muerte sepultó en su sueño?
Fuego pide a la nieve, lengua al leño,
mi padre, que mi alma es peregrina,
pues siendo amor bordón, mi fe esclavina,
por ver un peregrino la despeño.
¡Válgame Dios! Si fue Roque divino,
¿quién me dio libertad y dejó loca?
Que después que le adoro, desatino.
Mas no, que amor humano me provoca;
y cuando Roque sea el peregrino,
en no amar a don Pedro seré roca.