Si amor consiste sólo en semejanza,
y tanto los hermanos se parecen,
que en sangre, en miembros y en valor merecen
igual correspondencia y alabanza,
¿qué ley impide lo que amor alcanza?
De Adán, los mayorazgos nos ofrecen,
siendo hermanos, ejemplos que apetecen
lo mismo que apetece mi esperanza.
Perdone, pues, la ley que mi amor priva,
vedando que entre hermanos se conserve;
que la ley natural en contra alego.
Amor, que es semejanza, venza y viva;
que, si la sangre, en fin, sin fuego hierve,
¿qué hará sangre que tiene tanto fuego?