Del mal que lo amenaza al venturoso
librarme quiero yo por desdichado,
porque no duele tanto examinado
como cuesta el temor de un mal dudoso.
Desde el dolor padece el no dichoso.
El feliz desde el miedo del cuidado,
su edad tiene un dolor y en lo esperado
es hacer de más años lo penoso.
Jamás alguno poseyó la suerte;
nada se goza un bien con un recelo,
que del mal la sospecha es importuna.
Y pues a un bien no hay mal que no despierte,
en mi desdicha tengo mi consuelo,
si victoria no soy de otra fortuna.