Miré la luz de tus serenos ojos,
soles a las tinieblas de los míos
que ya dilatan lastimosos ríos,
dignos del mar de tu beldad despojos.
Siento que ciego entre ásperos abrojos
me encienden hielos, y me abrasan fríos,
que me aparto de mí con mis desvíos,
que gusto solicito en mis enojos.
¡Oh miserable suerte! ¡Oh mal extraño!
¡Cómo! ¿Qué subo más, y alcanzo menos?
¡Cómo! ¿el dolor con lágrimas engaño?
¿Mas qué? si vos gustáis ojos serenos,
padezca el corazón rigor tamaño,
padezca mal por los que son tan buenos.