Fénix, si te ha ofendido, el pensamiento
lágrimas lloré; cuando el alba ría;
su luz me esconda, el generoso día;
solo en el mundo para mí avariento.
Niégueme el aire en mi fatiga aliento;
dulce licor, la clara fuente fría,
siga dura tristeza, a mi alegría,
y al descanso mayor, mayor tormento.
¿Cómo fuerzas tendré para ofenderte,
pues, porque defenderme no he podido,
estoy entre los brazos de la muerte?
¡Ay! muerto soy, después que te he perdido,
ya no merecerá mi dolor suerte,
ni será ofensa a tu deidad mi olvido.