¡Dadme un rayo de luz, oh sol hermoso!
y al puto (¡ay triste!) que a mirar le llego
la luz me quitas; y me das el fuego,
que eres a un tiempo avaro, y generoso.
Como entre sueño, y confusión dudoso
me dejas, ya pensando, que estoy ciego;
ya que en la zona helada, o que me entrego
al círculo tostado caluroso.
Ciego no estoy, pues que tu luz recibo;
no estoy cerca del Polo, pues me abraso;
ni junto al Sol, pues en tinieblas vivo.
Esto, cansa mi amor, tu veloz paso,
mi imaginar, y tu esplendor esquivo,
que da una hora de Oriente, y mil de Ocaso.