Cual suele aquel que la encendida casa
deja a las fuerzas de la llama impía;
y expuesto el pecho a la corriente fría,
se anega ardiendo; y anegando abrasa;
tal la razón en la encendida brasa
dejo del fuego, que tu luz me envía;
y pongo (¡necio engaño!) el alma mía
entre copia de lágrimas no escasa.
Tantos errores, tantas sutilezas
sigo, que está mi amor sobre la Luna,
y de este humano busco las fierezas;
si es voluntad, si es hado, o si es fortuna,
no lo ser más pisando sus cabezas
fuerte herí con el pie en la vista a alguna.