Cuando eterno Señor de mis dolores,
alguno nacerá tan atrevido,
que asalte el muro a vuestro santo oído
y en él entre mi llanto y mis clamores.
Cuando con esperanza, y sin temores,
desnudo sombras claridad vestido,
el gran vacío, que ocupó el sentido
perfectos llenarán vuestros amores.
Oh cuán difícil si a mi ser mezquino,
(¡oh qué tarde!) se atiende, y cuán temprano
si al vuestro generoso peregrino,
en tierra estoy conduzca vuestra mano,
(que yo por mí jamás sabré camino)
luz que se ofusca en Laberinto humano.