Los blandos pies, por entre tierra dura,
solicitan sus dedos, ya apartados,
los claros miembros de corteza armados,
apenas tiemblan, de la muerte oscura.
Huye el alma de tanta desventura,
y cabellos y brazos levantados,
unos se ven renuevos delicados,
y otros muestran en ramas su figura.
Quisiera Dafne ver el tronco honroso,
pero nacieron de sus ojos ramas,
porque a tan grande mal falten testigos.
Oh Apolo más que amante riguroso,
si de esta suerte sigues a quien amas
¿cómo di, seguirás tus enemigos?