Os vais, Marcelo amigo, y quien os llama
deja sin luz el Soto oscurecido,
la humilde hiedra sin su muro erguido,
la Filomena sin su dulce rama.
Os vais, y su esperanza se derrama
en los sedientos campos del olvido,
do el más claro verdor, el más florido,
son el negro Ciprés, la seca grama.
Os vais, y (aunque mortal) en mí la diestra
(contra quien no se da defensa alguna)
rojas señales de su imperio muestra.
Os vais, si al disipar de mi fortuna,
crece cual puede, y merecerla vuestra;
la tierra a mí conculcaréis la Luna.