Reina, (aunque ciega) injusta, los despojos,
admite ya, de esta mi voz postrera,
y no pretendas más, hasta que muera,
que lágrimas me falten en los ojos.
Dolores sí, tributaré a manojos;
tormentos que en mí está como en su esfera;
penas que canten, si la sienten fuera,
lástima en mi favor, contra ti enojos.
Del poderoso, allá, del levantado,
puedes cobrar lo que prestarse pudo;
allá, del que es tu súbdito obligado;
Pon donde el cerco ayer, en do hay escudo
esposas hoy, cadenas de un forzado,
y a mí déjame absuelto por desnudo.