Aquella tarde habló con el barbero
diciéndole el negocio que procura,
y entrambos fueron para hablar al cura,
que a rezar le salió al humilladero.
Antón llegó quitándose el sombrero,
y le hizo en llegando gran mesura,
y después humilló la catadura,
para dejar hablar al compañero.
Quedó que al padre de esta se le hablase,
y que Alonso Millón de Pero Tiesto,
se fuese con los dos y los terciase.
Y que era necesario para esto
que Antón se confesase, y se sangrase,
para que en todo hubiese buenos de esto.