Parió Antonia la hija de Morcillo,
con grandes pesadumbres aquel día
porque era primeriza, y la ofendía
bravamente cualquiera dolorcillo.
Llegose su marido Juan Tomillo,
por aliviarla el mal que padecía,
y ella muy enfadada le decía,
(comenzando primero a maldecillo).
Jesús no vean mis ojos tan mal hombre,
que no es marido sino mi enemigo,
échemelo de aquí señor compadre.
Este con un disgusto que le asombre,
que no se verá una hora más conmigo,
a solas por los huesos de mi madre.