Enojose Pascual con Catalina,
y para hacerle algún desabrimiento,
acordó de pedir en casamiento,
a la hija de Brasco su vecina.
Y al barbero Ginés de Magandina,
el disanto contó su pensamiento,
para que con su buen entendimiento,
concluyese el negocio más aina.
Aquella tarde hizo la escritura,
el escribano Juan Martín del Grajo,
estando allí el alcalde Juan Rentero.
Y Pascual viendo cierta su ventura,
a Magandina dio por su trabajo,
una arroba de arrope, y un cordero.