Cuando venga mil muertes a matarme
y amor fortuna, y cielos a ofenderme,
cuando falte quien pueda defenderme
y no quede ocasión de remediarme.
Cuando quiera el vivir desampararme,
que la vida no pueda sostenerme,
cuando ya gustéis vos de aborrecerme,
que este es el mayor mal que puede darme.
Cuando venga sin flores el verano,
y se ponga en efecto lo imposible,
y deje de moverme el alto cielo.
Entonces dejará vuestro Silvano
de amaros mucho más de lo posible,
pues no tiene otro bien, ni otro consuelo.