Si no estuviera tan certificado
que no ha de haber ninguno que no muera,
por inmortal, señora, me tuviera,
pues tanto mal con vida me ha dejado.
Vuestra memoria en mí sólo ha quedado,
que es mi descanso, y vida verdadera,
que si esta me faltara, ya estuviera
de volveros a ver desconfiado.
Nuevas del corazón que os di, no tengo,
y el vuestro temo que me habéis quitado,
que a cada paso se me representa.
Con la fe que me diste me sostengo,
aunque no estoy de nada asegurado,
que nunca se asegura, quien se ausenta.