Pasado el mar Leandro el animoso
en amoroso fuego todo ardiendo,
esforzó el viento, y fuese embraveciendo
el agua con un ímpetu furioso.
Vencido del trabajo y presuroso
contrastando a las ondas no pudiendo,
y más del bien que allí perdía muriendo,
que de su propia vida congojoso.
Como pudo esforzó su voz cansada,
y a las ondas habló de esta manera,
mas nunca fue su voz de ellas oída.
Ondas pues no se excusa que yo muera,
dejarme allá llegar, y a la tornada,
vuestro furor ejecuta en mi vida.