Con sólo el resplandor de vuestro gesto
y el son de las dulcísimas razones,
ablandáis los más duros corazones,
y el Sol hacéis para en sólo un puesto.
Y no para la fuerza suya en esto,
si no que al mismo amor ponéis prisiones,
haciéndole quinientas sinrazones
sin poderle mudar de presupuesto.
En mí, extrañezas tales habéis hecho,
que yo a mí mismo ya no me conozco,
viéndome del que he sido tan trocado.
El yo, que fui primero, está deshecho,
al parece, por que otro reconozco,
de sola vuestra mano fabricado.