Lucida, que sirvió quererme tanto
si la gloria de verte, y el contento
ha convertido tu desabrimiento
en lástima, dolor, y eterno llanto.
De ver como no muero, tengo espanto
y el crudo amor, por darme más tormento
quiere dar nueva vida, al pensamiento,
para darme más pena, y más quebranto.
Pues tú tienes poder para matarme,
como lo tiene amor para ofenderme,
tu mano de acabarme, no se extrañe.
Yo moriré pues quieres olvidarme,
y a ti no te da pena deshacerme,
que si no espero bien, no hay mal que dañe.