Del tiempo, el movimiento acelerado,
ni la más dura y enemiga, estrella,
no me podrá quitar del alma aquella
que tan al vivo, amor me ha dibujado.
Y teniendo este bien, asegurado
sin miedo y sobresalto de perdella,
podré ser, por el bien que gozo en vella,
de los más venturosos envidiado.
En el alma la miro, estando ausente,
porque jamás lo está su hermosura;
de mí, ni lo estará hasta que muera.
Y si fuera posible, eternamente,
gozar tan rica suerte de ventura,
eternamente el alma la quisiera.