Si de este herviente mar y golfo insano,
donde tanto amenaza la tormenta,
libro la vida de tan dura afrenta
y toco el suelo venturoso y sano,
al aire alzadas una y otra mano,
con alma y voluntad contenta,
haré que amor conozca, el cielo sienta
que el bien les agradezco soberano.
Llamaré venturosos mis suspiros,
mis lágrimas tendré por agradables,
por refrigerio el fuego en que me quemo.
Diré que son de amor, los recios tiros
dulces al alma, al cuerpo saludables,
y que en su bien no hay medio, sino extremo.