Ligeras horas del ligero tiempo,
para mí perezosas y cansadas:
si no estáis en mi daño conjuradas,
parezcaos ya que es de acabarme tiempo.
Si ahora me acabáis, hareislo a tiempo
que están mis desventuras mal colmadas;
mirad que menguarán si sois pesadas,
que el mal se acaba si da tiempo al tiempo.
No os pido que vengáis dulces, sabrosas,
pues no hallaréis camino, senda o paso,
de reducirme al ser que ya he perdido.
¡Horas a cualquier otro venturosas!
¡Aquella dulce del mortal traspaso,
aquella de mi muerte sola os pido!