¡Rica y dichosa prenda, que adornaste
el precioso marfil, la nieve pura!
¡Prenda que de la muerte y sombra oscura
a nueva luz y vida me tornaste!
El claro cielo de tu bien trocaste
con el infierno de mi desventura,
porque viviese en dulce paz segura
la esperanza que en mí resucitaste.
Sabes cuánto me cuestas, dulce prenda.
El alma, y aún no quedo satisfecho
pues menor doy de aquello que recibo.
Mas porque el mundo tu valor entienda,
sé tú mi alma, enciérrate en mi pecho;
verán como por ti sin alma vivo.