Sabido he por mi mal adonde llega
la cruda fuerza de un notorio engaño,
y como amor procura, con mi daño,
darme la vida que el temor me niega.
Mi alma de las carnes se despega,
siguiendo aquella que, por hado extraño,
le tiene puesta en pena, en mal tamaño,
que el bien la turba y el dolor sosiega.
Si vivo, vivo en fe de la esperanza,
que, aunque es pequeña y débil, se sustenta
siendo a la fuerza de mi amor asida.
¡O firme comenzar, frágil mudanza,
amarga suma de una dulce cuenta,
cómo acabáis por términos la vida!