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1852–1918

Madre y fiera

Mercedes de Velilla Rodríguez

A su ley te rindió Naturaleza, de la pasión irresistible al grito, y huyes del mundo, juez de tu delito, a ocultar tu desdicha y tu flaqueza.

Un inocente que a vivir empieza, sin nombre, sin hogar, quizás maldito, yerto y temblando, cual jazmín marchito, sobre tu pecho inclina su cabeza.

Reanímale el calor de tus abrazos; que si es acusador de tu caída, tu alma sujeta con amantes lazos; y en tu misión augusta, ennoblecida,

sufriendo por su amor, desde sus brazos puedes volver al mundo redimida.

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