Venció el joven Peleo a los persianos,
mas no pasó de allí su monarquía,
y aunque hijo del Jove se mentía,
apenas llegó a ver a los brazmanos.
La cabeza del mundo a los britanos,
rindió, con su valor y su porfía;
y aunque el valor de un César asistía,
no hicieron más progresos los romanos.
Tú, Felipe Segundo, sin segundo
sol de España, corriste tu carrera
desde el de un polo hasta el del nuevo mundo
¡Oh, ilustre Casa de Austria! a quien venera
ya en su cenit esté, ya en el profundo,
Febo luciente al torno de su esfera;
porque no se atreviera
la noche oscura a tu luciente Imperio
Busque ya el hemisferio,
ensanche el mar y tierra, en todas partes,
donde puedas fijar tus estandartes