El tronco antiguo de un frutal hermoso
un arroyo bañaba cristalino,
lisonja fue del gusto el bien vecino,
armado en el subí, rapaz goloso.
Atento al hurto dulce, el pie dudoso
mal fijé en una rama, perdí el tino;
asido al pie, mi cuerpo al suelo vino,
hasta llegar al arroyuelo hundoso
Anticipóse el hierro a mi caída,
y recibióme el pecho atravesado,
crecieron con mi sangre los cristales
¿Qué desdicha no cede a tantos males
si espadas, horcas, hondas junta el hado,
cuando quiere quitar a uno la vida?