Llorando el niño amor con gran ternura
en busca de su madre iba quejoso,
cuando de Celia, viendo el rostro hermoso,
que copiaba de Venus la hermosura
Madre, madre, vocea, y se apresura,
con los brazos abiertos, cariñoso,
de lograr los de Celia deseoso;
que es ciego amor, y ciega la ventura.
Volvió el rostro a las voces de Cupido
Celia, y mirando al niño Dios alado;
no soy madre, le dijo muy severa.
Sonrojose el rapaz y aun más corrido
que de su engaño, de lo desdeñado,
fue a buscar a su madre verdadera.