De sus doradas trenzas un cabello
la bella ninfa Doris cogió un día,
que licenciosamente le ponía
perfiles de oro al cristalino cuello
Con este sutil lazo, cuanto bello,
las dos manos, que asidas me tenía,
fuertemente me ataba, y me decía:
en fe de mío, no podrás rompello.
Búrleme yo, creyendo confiado,
ser tan fácil romper tan flaco nudo,
mas cuando lo intenté, creció mi pena.
Vime tan fuertemente aprisionado,
que ni bastó el valor, ni industria pudo
romper los hierros de tan gran cadena