Como van hacia el mar precipitadas
las aguas del torrente rumorosas,
atropellando las humildes rosas
que a su cauce crecieron asomadas,
así mi corazón y mis miradas
fueron, amante aquel y estas ansiosas,
al mar que les copiaron engañosas
tus pupilas profundas y rasgadas
Hoy, bebiendo en sus olas la amargura,
por sus fieras corrientes absorbida
navega el alma en la tiniebla oscura,
sin que le den consuelo en su caída
la inocencia, la paz y la ventura,
que atropelló el torrente de mi vida