Henchida el alma de mortal tristeza
penetro en ti, Necrópolis gigante,
y de tu vasta inmensidad delante
inclino silencioso la cabeza
De tu desierto Foro la belleza,
de tus pinturas el matiz brillante,
vivo me representan cada instante
un pasado de gloria y de grandeza
Vi los escombros de Numancia un día:
de Itálica y Sagunto el polvo vago,
que el viento arrastra en la extensión vacía.
Do quien de la fortuna vi lo aciago,
pero jamás soñó la mente mía
¡ni tanta soledad ni tanto estrago!