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1831–1906

A Enrique Tamberlick, al ver su «Otelo»

Manuel del Palacio

¡No muere el arte, no! ¡Mientras potente vibre tu voz que los espacios llena; mientras pintado el júbilo y la pena, la noble inspiración arda en tu frente;

mientras te aclame la asombrada gente monarca soberano de la escena, y el alto aplauso que do quier resuena vaya hacia ti como hacia el mar la fuente

¡El arte vivirá! ¡Numen del alma! tiene siempre un atleta que en sus hombros le lleve cual las vírgenes su palma; y cuando el mismo Dios causando asombros,

vuelva la tierra a su primera calma, ¡aún flotará del mundo en los escombros!

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