Yo soy el que me tuve por tan fuerte
que siempre del amor traté con risa,
¡ay triste, cómo el tiempo nos avisa
que no hay seguridad hasta la muerte!
Agora con mudanza de mi suerte
en mis mejillas traigo su divisa;
pero si tú le das tus armas, Nisa,
¿a quién ha de tirar, que no le acierte?
De ver estas mudanzas admirado,
yo mismo me pregunto de qué modo
tan presto la cerviz al yugo puse;
mas luego me respondo consolado:
«Amor en ocasión lo puede todo»;
ajenas culpas hay con que me excuse.