Segundo honor del cielo cristalino,
pues ves que al sol con sombra ahuyenta
la noche, y que, cargada de tormenta,
añade confusión a mi camino.
Muestra el poder del resplandor divino,
y aquestos montes con tu plata argenta,
venga a tu hermano, y a la noche afrenta,
y válgame tu lumbre, peregrino.
Así en el mar te mires siempre llena,
y el pastor a quien das abrazos tiernos
no te desprecie por tener tres caras;
que un blanco toro ofreceré en tus aras,
que esparza con los pies la blanda arena,
y hiera el aire con agudos cuernos.