Hoy, muerte, porque yo esperaba el fruto,
de un árbol tierno cortas los despojos;
cierras con manos de ébano unos ojos
a quien pagó de luz el sol tributo
Cubres el cielo, y con razón, de luto,
la tierra deja flores, viste abrojos;
llora el alba de nuevo sus enojos,
y el sol nos muestra el triste rostro enjuto.
Mas yo mi vida, y no su muerte, lloro;
que la vida en su ausencia no me alegra,
y ellos verán a Dios eternamente.
¡Ay claros ojos, ay cabellos de oro!
Que ya la noche de la muerte negra
esconde vuestro sol en occidente