¡Oh más de mí que el céfiro estimado,
húmedo Noto! Tú, que al sol y al cielo
con negros toldos y con pardo velo
cubres el rostro azul, el crin dorado;
Así nunca jamás el cierzo airado,
barriendo nubes y arrojando hielo,
te quite el manto, te ahuyente el vuelo,
de espesas lluvias y del mar hinchado.
Que en la sondas levantes alboroto,
y aquella nave en quien mi bien navega
la traiga al puerto tu animoso aliento
Oye mi justo ruego, fresco Noto:
Mas ¡ay! ¿qué fruto aguarda quien le entrega
sus lágrimas al mar, su ruego al viento?