Dafne, suelto el cabello por la espalda,
cuyas hebras tremola el fresco viento,
huye ligera más que el pensamiento,
que aun no huella la hierba de esmeralda.
Tiñe la cara de color de gualda
cuando oye cerca el enemigo aliento
del dios que forma celos del contento
que goza el viento alzándole la falda
Viendo que corre y vuela, y no la alcanza,
le grita: «Ninfa hermosa, pues te adoro,
detente, aguarda, mira el bien que pierdes »
Mas sécasele el verde a su esperanza
cuando mira las crespas hebras de oro
de un laurel trasformarse en hojas verdes