Lidia, de tu avarienta hermosura
pide el tiempo enemigo estrecha cuenta;
ya ni el crespo cabello al oro afrenta
ni las mejillas a la nieve pura.
Tu mentida belleza mal segura
en vano reparar el daño intenta
de la edad, que en sus ojos representa,
con tragedia mortal, la lumbre oscura.
Ya, ya no me verás de noche al viento
bañar de infame llanto tus umbrales,
comparando a la suya su dureza,
que el tiempo, con efectos desiguales,
me da venganza, roba tu belleza,
te da dolor y cura mi tormento.