Celia, de tus centellas abrasada,
como el Verano de la infancia ruda,
arde la edad, que se introduce muda,
ya del Invierno en la estación helada.
Poco de los avisos recatada,
al gran incendio la obediencia duda,
mejor que pudo la atención desnuda,
la emprende ahora de experiencia armada.
Que mucho, si en las llamas inmortales
descubre el alma la inmortal pureza,
y entre los pensamientos encendidos.
Muestra el respeto, y el amor iguales,
separado el deseo y la belleza,
conformes la razón, y los sentidos.