Este penar, sin deshacer los hielos,
el alma entre las llamas anegada,
la privanza del bien desesperada,
en que faltan alivios, y consuelos.
Estas ansias sin fin, estos desvelos,
esta inquietud del pecho acelerada,
esta violencia en la razón turbada,
poco se explica, si se laman celos.
Agravios son de causa verdadera,
donde falta el auxilio del engaño,
y el favor de la duda se ha deshecho.
Ni fenecerte, ni templarse espera
dolor que crece con el desengaño,
y no llega a matar con el despecho.