Salid, crecidos áspides que entrasteis
sólo a dejarme el corazón desecho,
salid, pues os parece tan estrecho
esto, que un tiempo tan capaz juzgasteis.
Por señas de que ingratos, os mudasteis
y del sangriento estrago que habéis hecho
lleváis, al desasiros de mi pecho,
los pedazos del alma que arrancasteis.
Ni en mi silencio ni en mi fe cupiste,
siendo mi amor, lo sabe, y vuestro olvido,
de adoración enmudecido ejemplo.
De la desierta parte en que viviste
(Memoria es mucho ya) lástima os pido
que la dejéis sepulcro y era templo.