Filis, ¿no ves la saña del planeta
que, amenazando trágica ruina,
llama vierte feroz, sangre fulmina,
en alterada forma de cometa?
¡Mira cual tiembla la tiara inquieta
de lo que el vano astrólogo imagina,
y cuántos cetros al horror destina
oscura voz de equívoco profeta!
Y advierte que, seguro en sus enojos,
de tu semblante prende mi cuidado,
que ni sabe otro cielo ni le mira;
y, atento a las estrellas de tus ojos,
ni quiere más fortuna que su agrado,
ni teme más prodigios que su ira.