Gallardas plantas que con voz doliente
al osado Faetón llorasteis vivas,
y ya sin envidiar palmas y olivas,
muertas podéis ceñir cualquiera frente.
Así del sol estivo al rayo ardiente
blanco coro de náyades lascivas
precie más vuestras sombras fugitivas
que verde margen de escondida fuente.
Así besé, a pesar del seco estío,
vuestros troncos, y a un tiempo pies humanos
el raudo curso de este undoso río.
Que lloréis, pues llorar sólo a vos toca
locas empresas, ardimientos vanos,
mi ardimiento en amar, mi empresa loca.