Con diferencia tal, con gracia tanta
aquel ruiseñor llora, que sospecho
que tiene otros cien mil dentro del pecho
que alternan su dolor por su garganta.
Y aun creo que el espíritu levanta,
como en información de su derecho,
a escribir del cuñado el atroz hecho
en la hoja de aquella verde planta.
Ponga, pues, fin a la querella que usa,
pues ni quejarse ni mudar estanza
por pico ni por pluma se le veda.
Y llore sólo aquel que su Medusa
en piedra convirtió, porque no pueda
ni publicar su mal ni hacer mudanza.