Lilio siempre real, nací en Medina,
del Cielo con razón, pues nací en ella,
ceñí de un duque excelso, aunque flor bella,
de rayos, más que flores, frente digna.
Lo caduco esta urna peregrina,
¡oh, peregrino!, con majestad sella,
lo fragante, entre una y otra estrella,
vista no fabulosa determina.
Estrellas son de la guirnalda griega,
lisonjas luminosas de la mía,
señas oscuras, pues ya el Sol corona.
La suavidad que espira el mármol (llega)
del muerto Lilio es; que aun no perdona
el santo honor a la ceniza fría.