Por niñear un picarillo tierno,
hurón de faldriqueras, sutil caza,
a la cola de un perro ató por maza,
con perdón del bonete un lego cuerno.
El triste perrinchón en el gobierno
de una tan gran carroza se embaraza;
grítale el pueblo, haciendo de la plaza
(si allá se alegran) un alegre infierno.
Llegó en esto una viuda mesurada,
que entre los signos, ya que no en la gloria,
tiene a su esposo, y dijo: Es gran bajeza,
que un gozque arrastre así una ejecutoria
que ha obedecido tanta gente honrada,
y aun se la ha puesto sobre su cabeza.