No de fino diamante, o rubí ardiente,
luces brillando aquel, este centellas,
crespo volumen vio de plumas bellas
nacer la gala más vistosamente.
Qué oscuro el vuelo, y con razón doliente,
de la perla católica, que sellas,
a besar te levantas las estrellas,
melancólica aguja, si luciente.
Pompa eres de dolor, seña no vana
de nuestra vanidad, dígalo el viento,
que ya de luces, ya de aromas tanto.
Humo te debe. ¡Ay, ambición humana!
prudente pavón hoy con ojos ciento,
si al desengaño se los das, y al llanto.